Cuentos y educación emocional: ¿qué es esto?
Cuando hablamos de educación emocional muchas pueden ser las interpretaciones al respecto, pero lo cierto es que hay mucho de la experiencia vivida, de lo guardado en nuestro inconsciente, que marca y predispone la gestión emocional de un niñ@ a lo largo de su vida.
Desde las expresiones físicas (gestual y corporal), hasta las reacciones fisiológicas (como el llorar), todas las manifestaciones de nuestro estado emocional habitan en la memoria y dejan huella en el cuerpo.
Pero este auge de la educación emocional no es caprichoso, ya que resulta que conocer cómo funcionan las emociones provee a los niños de una herramienta muy importante en la vida, la inteligencia emocional. Esta permite identificar, reconocer y expresar sentimientos, controlar impulsos, desarrollar empatía y gestionar conflictos entre pares.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha definido el campo de las emociones como una competencia de aprendizaje, entendida como “la capacidad para responder a las demandas y llevar a cabo tareas de forma adecuada. En sentido, las competencias emocionales son el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales.”
¿Cómo funciona la educación emocional?
Para entender cómo funciona la educación emocional en términos prácticos es necesario conocer las dimensiones que la componen: la conciencia, la regulación y la autoestima emocional.
En primer lugar, la conciencia emocional es como su nombre indica la capacidad de hacer consciente, de reconocer, las emociones propias y las ajenas, comprendiendo las causas y las consecuencias de estas, y también de expresarlo con palabras o gestos. Es el primer paso en este aprendizaje.
El segundo paso es la regulación emocional. Está claro que refiere a la capacidad para manejar y regular las emociones de forma adecuada en cada momento. Esto implica gestionar la frustración, el manejo de la ira y el desarrollo de la empatía mediante estrategias de autorregulación, asertividad y control de la impulsividad.
Por último, el tercer paso es la autonomía emocional. Aprender a ser autónomos es uno de los objetivos clave en el crecimiento emocional, sin embargo, somos animales sociales por definición, necesitamos para sobrevivir estar en comunidad. En este sentido, es muy importante desarrollar autoestima, automotivación, autoeficacia emocional, responsabilidad, para construir un equilibrio entre la vida con otros y sus emociones y nuestra autonomía.
Cuentos y educación emocional: ¿un espejo?
Las historias de los cuentos además de potenciar la imaginación de nuestr@s hij@s, les permiten ejercitar el reconocimiento de las emociones propias y ajenas. Como si los cuentos fueran un espejo, l@s niñ@s se ven reflejados en los personajes de las historias, favoreciendo el desarrollo de la conciencia emocional de l@s pequeñ@s.
También aprenden a identificar los matices característicos de cada emoción y a buscar respuestas ante un determinado sentimiento. De esta manera, les estamos enseñando a gestionar sus emociones más intensas y a ver cuáles pueden ser las consecuencias de dejarse llevar por una determinada emoción.
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